Trump descarta diálogo con Maduro en prisión y abre la puerta a María Corina Machado

El panorama político tras la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero ha tomado un giro definitivo. Desde la Casa Blanca, el presidente Donald Trump fue tajante al rechazar cualquier posibilidad de encuentro con el exlíder chavista, quien actualmente enfrenta cargos ante la justicia estadounidense en Nueva York. Ante la consulta de la prensa sobre si entablaría comunicación con Maduro para discutir las denuncias de irregularidades electorales del pasado, el mandatario cortó de raíz la expectativa: “No creo que lo hiciera. Creo que mis abogados estarían muy descontentos”, sentenció, dejando claro que el destino del exgobernante se decidirá estrictamente en los tribunales.

WASHINGTON, DC – JANUARY 20: President Donald Trump signs executive orders in the Oval Office on January 20, 2025 in Washington, DC. Trump takes office for his second term as the 47th president of the United States. (Photo by Anna Moneymaker/Getty Images)

El catalizador de este acercamiento fue el simbólico gesto de Machado al entregarle a Trump la medalla del Premio Nobel de la Paz que ella recibió en diciembre. El reconocimiento parece haber resonado profundamente en el presidente, quien no escatimó en elogios ante los medios: “Estamos hablando con ella, quizás podamos involucrarla de alguna manera, me encantaría”. Este nuevo vínculo personal y político sugiere una reevaluación del liderazgo opositor, que hasta hace poco parecía haber sido relegado en favor de canales de comunicación más pragmáticos.

Este vuelco se produce en un contexto de alta complejidad diplomática, dado que la administración Trump venía cultivando una relación de cooperación con Delcy Rodríguez, quien asumió el mando tras la captura de Maduro. Mientras la Casa Blanca destacaba la colaboración de Rodríguez para mantener la estabilidad inmediata, la irrupción de Machado en el círculo de confianza de Trump añade una nueva capa de incertidumbre y expectativa sobre quiénes llevarán las riendas de la transición definitiva. La diplomacia de “paz mediante la fuerza” de Trump parece ahora buscar un equilibrio entre el control operativo actual y la legitimidad que representa la líder opositora.

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