Pasto, Cúcuta y Cartagena tendrán la gasolina más barata desde el 1 de febrero

El Gobierno nacional confirmó que, a partir del 1 de febrero de 2026, el precio de la gasolina en Colombia se reducirá en $300 por galón, con el objetivo de alinear el costo interno con la referencia internacional y aliviar el bolsillo de los conductores.

Según el Ministerio de Hacienda y Crédito Público, el ajuste también responde a la cancelación de la deuda del Fondo de Estabilización de los Precios de los Combustibles (FEPC). El ministro Germán Ávila Plazas aseguró que la medida busca ser “una acción contrainflacionaria muy fuerte, que además generará nuevas oportunidades gracias al incremento del salario mínimo y la coyuntura económica actual”.

Ciudades con los precios más bajos

Tras el anuncio, Pasto, Cúcuta y Cartagena se consolidan como las ciudades con la gasolina más barata del país:

  • Pasto: $13.947 por galón
  • Cúcuta: $14.100 por galón
  • Cartagena: $15.783 por galón

En contraste, los precios más altos se mantienen en:

  • Villavicencio: $16.291
  • Cali: $16.202
  • Bogotá: $16.191

Factores que explican la variación

De acuerdo con Julio César Vera, presidente de la Fundación Xua Energy, las diferencias en el precio de la gasolina corriente entre ciudades obedecen principalmente a los costos logísticos del sistema de abastecimiento y al régimen aduanero.

¿Qué pasa con el ACPM?

El panorama del diésel sigue siendo complejo. La brecha entre el precio interno y la referencia internacional ronda los $2.300 por galón, lo que obliga al Estado a mantener un subsidio cercano a $363.000 millones.

Para enfrentar esta situación, el Ministerio de Minas y Energía anunció que el subsidio al ACPM se enfocará exclusivamente en el transporte público, excluyendo a vehículos particulares, diplomáticos y oficiales. Con ello, se busca que los grandes consumidores paguen precios más cercanos a los internacionales, sin superar el valor de paridad de importación.

Un alivio parcial

La reducción de febrero representa un respiro para los conductores, mientras el Gobierno ajusta sus cuentas para sostener el subsidio del diésel en el transporte público y avanzar hacia una política energética más equilibrada.

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