
Padres de familia y habitantes de Rabolargo, en Cereté, alzaron su voz de protesta por las condiciones en que se encuentra la sede primaria de la institución educativa José Antonio Galán. Según la denuncia, desde el inicio del año escolar los niños conviven con olores fétidos provenientes de aves muertas y excremento acumulado en los salones, lo que hace imposible respirar aire limpio durante las clases.

La comunidad asegura que el colegio presenta múltiples anomalías: falta de ventiladores, espacios de recreo afectados por murciélagos y sus desechos, ausencia de limpieza adecuada y salones sin pintura ni mantenimiento desde hace años. A pesar de este panorama, los padres deben pagar mensualmente una cuota de aseo de 2.000 pesos por estudiante, que ya ha sido cobrada por los dos primeros meses del año.
Los denunciantes advierten que la situación es especialmente preocupante porque en la sede estudian niños desde los cuatro años, quienes no deberían estar expuestos a estas condiciones insalubres. Por ello, hacen un llamado urgente a la Secretaría de Educación para que atienda el caso y garantice un ambiente digno y seguro para los estudiantes.

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