
El colapso de los palcos de la corraleja de Sincelejo —considerada en su momento la más grande del mundo— dejó cientos de muertos y heridos, marcando para siempre la memoria colectiva del país.
Testigos recuerdan que, minutos antes del desplome, el cielo se oscureció de manera repentina y una fuerte lluvia obligó a los asistentes a refugiarse dentro de la estructura. La sobrecarga habría hecho que la madera cediera, provocando el colapso total. En cuestión de segundos, la celebración se transformó en caos y desesperación.
Con el paso del tiempo, además de las explicaciones técnicas, surgieron relatos populares que hablan de una supuesta “maldición” por no haberse cumplido una tradición propia del 20 de enero. Estas creencias aún persisten en el imaginario colectivo.
Lo cierto es que aquella tarde dejó más de 500 víctimas fatales y una herida imborrable en la historia de Sincelejo, recordando que la falta de prevención puede convertir la alegría en tragedia.
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