
Las lluvias persistentes que han afectado al país han empezado a provocar impactos significativos en los cultivos de maíz y fríjol, especialmente en departamentos con alta producción como Córdoba y Tolima, donde la acumulación de agua en los terrenos ha dificultado las labores agrícolas.
Productores locales informan que la presencia continua de lluvias en etapas críticas del crecimiento de estos granos ha generado inundaciones parciales en lotes, problemas de drenaje y elevados niveles de humedad en el suelo, condiciones que pueden favorecer el deterioro del grano y el desarrollo de enfermedades fúngicas. El exceso de humedad también ha afectado la movilidad dentro de las parcelas y el acceso para la cosecha.
Organizaciones del sector afirman que estas condiciones climatológicas no solo representan una dificultad técnica, sino que pueden influir en la oferta disponible en el mercado. Algunas proyecciones señalan que, en regiones con menor producción, estas afectaciones podrían traducirse en ajustes puntuales en los precios de fríjol y maíz si continúan los retrasos en cosecha y los daños en calidad.
El incremento de lluvias en el territorio ha sido confirmado por el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), que reporta precipitaciones por encima de los promedios históricos para este periodo y pronostica que las lluvias continuarán durante las próximas semanas, lo que mantiene la alerta activa para los agricultores.
Además de las inundaciones en Córdoba, otros sectores agrícolas del país han reportado afectaciones por fenómenos hidrometeorológicos, lo que ha llevado a gremios del campo a pedir medidas de apoyo técnico y financiero para proteger la producción nacional y reducir los riesgos asociados al clima. Esta situación se da en un contexto en el que el país aún depende en gran medida de importaciones de granos para cubrir la demanda interna, una realidad que expertos señalan como una vulnerabilidad adicional frente a emergencias climáticas.
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