
Lo que debía ser una intervención técnica terminó en un momento confuso y tenso. Durante el consejo de ministros realizado en Ipiales, el presidente Gustavo Petro protagonizó un episodio que dejó descolocados incluso a miembros de su propio equipo.
Mientras la ministra de Comercio exponía sobre programas lecheros, el mandatario la interrumpió de forma abrupta y cambió completamente el rumbo de la conversación. Pasó de cuestionar la gestión con frases como “tilín y paletas” a lanzar críticas sin hilo claro.
El discurso tomó un giro aún más inesperado cuando Petro se refirió a la frase de Shakira “las mujeres no lloran, facturan”, para luego entrar en reflexiones sobre el cuerpo, el mercado y la idea de “no venderse”, mezclando conceptos sociales, económicos y personales.
La intervención siguió escalando en desconexión: habló de sexualidad, del cerebro, de la sensibilidad humana y terminó enlazando ideas sobre esclavitud, belleza, filosofía —citando a Hegel y Engels— y hasta referencias cotidianas, sin un orden claro.
En medio del episodio, la ministra intentaba retomar su exposición, pero el ambiente ya estaba marcado por la interrupción y la dispersión del discurso presidencial.
El momento dejó más preguntas que respuestas y volvió a poner sobre la mesa el estilo impredecible del mandatario en espacios clave de gobierno, justo cuando se esperan definiciones concretas para sectores productivos del país.
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